La guerrilla lisérgica vs. la nochebuena etílica
Capitulo II - LA ESPERANZA NO ESTÁ PERDIDA
8:30 de la mañana.
Después de pasar una velada tranquila observando las estrellas y la danza de las nubes durante el alba tomamos un transporte express hacia nuestro hogar, en el camino, podemos ver un paisaje desolador:
"Jóvenes humanos en grupos circulan por las calles alcoholizados pateando y golpeando con sus cuerpos carteles, locales comerciales e incluso portan pedazos de la estructura de algún negocio o quiosco que parecen haber desmantelado. Sus rostros deformados , hinchados y ojerosos hablan de la insensibilidad que produce el alcohol, embruteciendo a quienes lo beben cuando lo hacen en cantidades excesivas"
Este paisaje desolador me hizo reflexionar acerca de el sueño de la contracultura psicodelica hippie delirante de los años 60 en Estados Unidos (y también Reino Unido). Estos grupos altamente formados (así dicen los soviets, aunque prefieren decir "muchisima preparación") tenían un objetivo: llevar de una forma radical y extrema la medicina sagrada al resto de la población. Una de las ideas barajadas, sincerémonos: consistía en vertir litros de la prodigiosa LSD-25 en el agua de las ciudades, produciendo una experiencia psicodélica en todos aquellos que beben el agua.
El paisaje desolador producido por la costumbre de beber alcohol para celebrar que se expande por toda américa latina como una segunda ola del exterminio del hombre blanco sobre el indio originario de estas tierras, una exterminio reciclado y santificado por un negocio de estupefacientes bebibles legales que no pretende disminuir sus ganancias de ninguna manera. Para ser más claros: cada 20 metros tengo que esquivar un vómito humano en proceso evaporación. Nunca antes había visto tantos vómitos humanos diseminados por la calle de esta manera... evidentemente, anoche muchos mamíferos estuvieron expulsando la abundante comida navideña a medio procesar junto con todo el alcohol excesivo con el que se embotan la percepción.
La re-evolución psicodelica a la fuerza no sólo parece extrema; lo es. pero estos hippies jodidos querían una revolución que calara profundo. No les sobraba paciencia.
Convengamos en un hecho: el cerebro con alcohol no devela misterios, no avanza, no se expande el mundo interior psíquico. Al contrario, físicamente el cerebro se achica mientras más ethanol se ingiere a lo largo de la vida de un ser humano. (Ojo, yo comprendo que el alcohol puede tener su uso sagrado, su poder cómo enteogeno, pero creo que su naturaleza no ayuda a que emerja de la conciencia información, como sí lo hacen los visionarios de alta potencia).
Entonces, el 24 de diciembre, día donde los humanos cristianos alienados más droga se menten (alcohol, cocaína en primera fila en zonas latinoamericanas) podría ser el dia perfecto para que una improbable guerrilla psicodelica retro-inspirada vertiera litros del hijo problemático del Dr. Hoffman en el agua de una ciudad en pos de una evolución bastante forzada de los mamíferos que somos.
No tardan en objetar contra esta teoría los riesgos y peligros obvios, sabiendo que los psiquedélicos son muy poderosos y que pueden ser veneno o cura según su administración y una serie de variables muy delicadas, se asume que una idea así es notoriamente descabellada por su naturaleza terrorista en términos de la era Bush de la cocaína -que gracias a dios esta terminando con Obama, quieran o no los pesimistas.-
Sin embargo, no consideramos terrorismo a la red de comercios que expenden alcohol a mansalva a una grán parte de la población, ni hablar de todos los muertos que vuelan por las ventanas de automóviles o que se achicharran como carne molida adentro de vehículos conducidos en estados de ebriedad alcoholica practicamente suicidas.
Mi teoría es que si se efectuase este atentado de amor, entonces se reduciría la cantidad de accidentes de tránsito al menos en un 50%, se reducirían las peleas en un 50%, se reducirían los robos y vandalismos en niveles también cercanos al 50%... en fin, sería interesante nadar en los tanques de agua de la ciudad que sea víctima de este escenario de locura.
Todos los ebrios que se pelean entre ellos o golpean a otras personas, todos los ebrios que conducen automóviles y/o motocicletas y se matan o producen la muerte a terceros, todos los ebrios que se autoflagelan, todos los ebrios que caen comas alcohólicos, todos los ebrios que hacen vandalismo, todos los ebrios que en navidad y próximamente en año nuevo van a salir a deambular por las calles de la ciudad celebrando estar vivos... y el día en que el terrorismo lisérgico pensó en ellos con amor y en su decadencia como inspiración.
El cloro en el agua de la canilla destruíria la molecula de LSD.